El grado de pérdida auditiva se refiere a la cantidad de audición perdida.

Puede ser:
  • Leve (20-40 dB): dejan de ser audibles los sonidos suaves como los ambientales, por ejemplo: el caer de las hojas de un árbol en otoño o el sonido de las bolsas de plástico. Puede  comenzar a notarse una disminución de la inteligibilidad o entendimiento de la palabra hablada sobre todo en ambientes ruidosos.
  • Moderada (40-70 dB): no se perciben los sonidos suaves ni moderadamente intensos, por lo que se pierde información durante las conversaciones. La comprensión de la palabra hablada es bastante difícil si existe ruido en el ambiente.  El televisor se ajusta a un volumen más alto. Por lo general se requiere el uso de audífonos. 
  • Severa (71-90 dB): no se percibe la mayoría de los sonidos, por lo que incluso a intensidad elevada la persona no es capaz de entender lo que le dicen. Está indicado el uso de  audífonos potentes y según el caso, de un implante coclear. A menudo las personas se apoyan en la lectura de labios, incluso si usan audífonos.
  • Profunda (+ de 90 dB): sólo se perciben algunos ruidos muy intensos. No se oye la palabra hablada. Se requiere el uso de audífonos muy potentes o un implante coclear. Las personas se apoyan en la lectura de los labios y/o en la lengua de señas.
  • Anacusia o cofosis: pérdida total de la audición que altera la capacidad para la recepción, discriminación, asociación y comprensión de los sonidos, tanto del medio ambiente como del lenguaje.

grados

Tipos de pérdidas auditivas

Es posible clasificar a las pérdidas auditivas según diferentes criterios. Si se tiene en cuenta la localización de la lesión que ocasiona el daño auditivo, se clasifican en: conductivas, neurosensoriales y mixtas.

Hipoacusia conductiva: es causada por problemas en el oído externo y medio, que impiden que los sonidos lleguen al oído interno.

Las causas más comunes incluyen: acumulación de cerumen en el conducto auditivo externo, tímpanos perforados, líquido en el oído medio debido a resfríos o alergias, infecciones de oído, huesecillos del oído medio dañados, malformación estructural de partes del oído, traumatismos de oído.

Hipoacusia neurosensorial o de percepción: se produce por daños en el oído interno, vías acústicas o corteza cerebral auditiva. Es el tipo de trastorno auditivo más frecuente, que afecta al 90% de los adultos con pérdida de la audición.

La causa más común es el deterioro del funcionamiento del oído como resultado del envejecimiento. Otros factores son la exposición a ruidos fuertes, causas genéticas, complicaciones durante el embarazo y parto (rubéola, sífilis u otras infecciones maternas, bajo peso al nacer, falta de oxígeno en el parto), ciertas enfermedades infecciosas (meningitis, sarampión, parotiditis, etc.), o el uso inadecuado de determinados medicamento tóxicos para el oído.

Este tipo de hipoacusia reduce la intensidad del sonido, pero puede también ocasionar una disminución de la inteligibilidad o entendimiento de la palabra hablada.

Hipoacusia mixta: es la combinación de una pérdida de audición neurosensorial y una pérdida de audición conductiva. En otras palabras, además del trastorno auditivo causado por daños en el oído interno, existe un problema en el oído externo o medio, que empeora la pérdida de la audición. 

Otras clasificaciones asociadas con las pérdidas auditivas son:
  • Unilateral o Bilateral: según esté afectado uno o ambos oídos.
  • Congénita o adquirida: si está presente en el momento del nacimiento o a los pocos días de vida, o bien se origina posteriormente (infancia, adolescencia o edad adulta).
  • Simétrica o asimétrica: si la configuración y grado del déficit son los mismos en ambos oídos o no.
  • Progresiva o súbita: si el déficit se desarrolla lentamente a través el tiempo o es de aparición rápida en un período de horas o días.
  • Prelingual o postlingual: si la aparición es antes o después de la adquisición del habla.